viernes, 10 de octubre de 2008

Apunkte (pedante) de corazón

El arte, el arte... Me estoy conteniendo...

Por ahora sólo diré:

El problema de la gran mayoría de los artistas (démosles el gusto) de hoy en día es que han confundido la Fuente de Duchamp con una obra de arte, cuando en realidad no es más que una -genial y heterodoxa- obra de crítica de arte.


El Urinario o Seamos originales, de M. DoCampo

Pero lo aún más flagrantemente grave es que tampoco los críticos parecen haberse dado cuenta.

martes, 7 de octubre de 2008

Punk de corazón


Damien Hirst, Home Sweet Home, 1996.


Una instalación que el popular y cotizado artista británico Damien Hirst montó en el escaparate de una galería de Londres fue desmantelada y arrojada a la basura por un encargado de la limpieza al creer que se trataba de desperdicios.
La obra -una colección de tazas de café medio llenas, ceniceros con colillas de cigarro, botellas de cerveza vacías, una paleta embadurnada con pintura, un caballete, una escalera de mano, pinceles, envoltorios de caramelos y páginas de periódico esparcidas por el suelo- era la pieza central de una exposición de arte de edición limitada que la Eyestorm Gallery mostró a un grupo de VIPs en el curso de una fiesta preinauguración.
El señor Hirst, por entonces de treinta y cinco años, el miembro más famoso de una generación de artistas conceptuales conocida como los Jóvenes Artistas Británicos, la había montado y firmado personalmente, y Heidi Reitmaier, jefa de proyectos especiales de la galería, estimó su valor de venta en “seis cifras” o cientos de miles de dólares. “Es un Damien Hirst original”, explicó.
El encargado de la limpieza, Emanuel Asare, declaró a The Evening Standard: “En cuanto vi aquel desastre resoplé. A mí, arte no me pareció mucho. Así que lo metí todo en bolsas de basura y lo tiré”.

Esta anécdota y algunas más le sirven a Donald Kuspit para reflexionar sobre el arte de nuestros días en su libro El fin del arte (Akal, 2006). En un breve repaso de las notas que he ido cogiendo durante su lectura encuentro algunas afirmaciones muy sugerentes:

“El arte elevado puede tener algo que decir a los pocos que son felices, pero nada a los muchos que son desgraciados”.

“El arte no es ya tan raro o perturbado; está próximo a la vida cotidiana, si bien un poco más divertido y emocionante, quizá sólo porque no tiene una utilidad clara”.

“El arte ha sido sutilmente envenenado por la apropiación social, por el hincapié en su valor comercial y entretenimiento de alto nivel, lo que lo convierte en una especie de capital social”.

Este pasado domingo El País publicaba un reportaje sobre Damien Hirst y el negocio que se trae entre manos. “La subasta de sus obras en Sotheby's los pasados 15 y 16 de septiembre han hecho historia. Era la primera vez que una casa de subastas ponía a la venta obras recientes directamente del estudio de un artista vivo, sin intermediarios como galerías o agentes, y sin que provengan de un coleccionista. Se pusieron a la venta 223 lotes en dos sesiones y se obtuvieron 140 millones de euros”.

Hirst calificó la operación de "acto democrático en el que cualquiera puede optar a la obra directamente". También dijo en la presentación de la subasta que se siente un “punk de corazón”. Fuentes próximas al artista han desmentido que se sonrojase con tal afirmación.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Una sensación de tristeza



Recuerdo que hace algunos meses alguien me preguntó quién era, en mi opinión, el mejor escritor vivo. Con preguntas así uno sólo puede ponerse muy serio, cerrar los ojos para crear un clímax de tensión/meditación intelectual y soltar con toda la seriedad que tenga a mano el nombre que se le pase por la cabeza. Aquel día el nombre sonó -incluso para mí- excesivamente rotundo y es probable que el amante de las clasificaciones se sorprendiera al escucharlo porque el autor elegido no era una celebridad.
(¿Existen las celebridades literarias al margen de las listas de éxitos en este inframundo cultural?)
Ahora que pienso en ello es también muy probable que si me hubieran hecho la misma pregunta esta mañana la respuesta habría sido la misma, algo que me aleja de esa personalidad contradictoria y vehemente que a veces quisiera poseer; una personalidad poliédrica, singular, que me permitiese observar lo que sucede a mi alrededor con esa mirada alucinada que tan bien describe Karl Jaspers en su libro Genio artístico y locura.

Os cuento todo esto porque el padre del que para mí era el mejor escritor vivo ha explicado al New York Times que “su hijo sufría desde hace veinte años fuertes depresiones que sólo pudo combatir con medicamentos”. Al tiempo que en El País Eduardo Lago recuerda lo que el escritor le respondió hace un par de años en una entrevista: “Desde un punto de vista materialista los Estados Unidos son un buen lugar para vivir. La economía es muy potente y el país nada en la abundancia. Y sin embargo, a pesar de todo eso, entre la gente de mi edad, incluso los que pertenecemos a una clase acomodada que no ha sido víctima de ningún tipo de discriminación, hay una sensación de malestar, una tristeza y una desconexión muy profundas”.

Y esta declaración nos lleva a la gran cuestión en torno a la cual gravita su proyecto artístico: ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de esta desconexión entre el individuo y la sociedad? La respuesta a esta interesante pregunta la podéis encontrar en libros como La niña del pelo raro, Entrevistas breves con hombres repulsivos, Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer, Extinción, La broma infinita y Hablemos de langostas.

Llegados aquí os habréis imaginado que la cosa acaba mal. Y no os equivocáis. El mejor escritor vivo dejó de serlo el pasado viernes: David Foster Wallace se ahorcó en su casa de Claremont, California, a los 46 años de edad.

Foster Wallace se ha cansado de esta broma infinita. ¿Le encontraremos los demás la gracia?


Mi modesto homenaje a DFW: Festival, de Sigur Ros:

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El escondrijo de Tavares



Los que ya han leído a este escritor nacido en Angola saben que no exagero: Gonçalo M. Tavares es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo. José Saramago dijo de él que “no tiene derecho a escribir tan bien a los 35 años, dan ganas de darle un puñetazo”. Enrique Vila-Matas, siempre atento a los nuevos nombres, profetiza que “Tavares triunfará, eso es algo que se ve venir.”

¿Cómo se pueden escribir de manera tan sencilla esas breves narraciones que juegan con la poesía y la filosofía? La respuesta la tiene Tavares.

En una entrevista publicada en Babelia el año pasado, el escritor radicado en Lisboa desvelaba algún aspecto interesante de su proceso creativo:

“Escribo intensamente desde los 20 años. No quise publicar pronto. Intencionadamente, no quise publicar antes de los 30. Primero, me parecía fundamental el aislamiento. Ir viviendo y, al mismo tiempo, leer y escribir. Durante 10, 12 años, me levanté muy temprano. Me levantaba a las cinco y media y a las siete estaba en mi escondrijo; leía y escribía. Kierkegaard decía que sólo es posible llevar una buena vida si tenemos un buen escondrijo, y que tener un buen escondrijo es tener una buena vida. Siempre he intentado encontrar un buen puesto de vigía del mundo. Desde muy pronto sentía, no sé muy bien por qué, que después de publicar, de hacer algo público, las cosas cambian; por eso decidí retrasarlo lo más posible.”

Para superar esta vuelta al cole tan dramática os regalo unas brevísimas narraciones publicadas en El señor Brecht (Ed. Mondadori, 2007):


Avería

Debido a un incomprensible cortocircuito eléctrico, el que se electrocutó fue el funcionario que bajó la palanca y no el criminal que se encontraba sentado en la silla.

Como no hubo manera de solucionar la avería, en las ejecuciones siguientes el funcionario del gobierno se sentaba en la silla eléctrica y era el criminal quien se encargaba de bajar la palanca mortal.

La importancia de los filósofos

El filosófo decía que solo los hombres hacían cosas importantes, mientras que los animales solo disponían de acciones insignificantes.

Fue entonces cuando llegó el tigre y devoró al filósofo, confirmando con sus colmillos la teoría anteriormente expuesta.

Libertad de elección

Era una librería que vendía un solo libro. Había cien mil ejemplares numerados del mismo libro. Como en cualquier otra librería, los compradores se demoraban, dudando sobre qué número coger.

Medidas aritméticas

El gobierno corregía los desequilibrios sociales mediante un reequilibrio numérico: ponía dos centinelas alrededor de cada pobre.

Estética

Una mujer gorda que quería perder peso se fue al médico y dijo:
-Córteme una pierna.

martes, 29 de julio de 2008

Hasta septiembre!

sábado, 12 de julio de 2008

sábado, 5 de julio de 2008

punk bimbó

Como la mayoría de los movimientos sociales, o grupales, el problema del punk es que es mucho más interesante desde fuera, desde los análisis intelectuales hechos por gente ajena que los mira con envidia, que desde dentro, donde sólo hay adolescentes que no saben muy bien dónde se meten y cuarentones que no saben ya cómo salir.

¡Ay! si uno pudiese hacerse punk a los treinta y tantos…

Esto sí que es punk.